lunes, 8 de febrero de 2010

"A la izquierda del roble": análisis de figuras retóricas

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Ideolecto estético:
Es seña propia de Mario Benedetti, imbuir al lector en un mundo donde la cotidianidad es preeminente y al mismo tiempo, resulta de un goce estético exultante hallar que en su poesía, se relatan verdades que por ser universales pueden acometer a cualquiera. Al final de cuentas, es ese el sello estético particular del autor, el cual haciendo uso de un lenguaje que se adecua al contexto del relato poético, consigue trasladar sus pasiones al papel.

En consecuencia, su obra es la síntesis de una sustancial catarsis del autor, en la que busca desentrañar todas aquellas verdades del hombre, que no son posibles de admitir como hechos bajo los dominios de la filosofía, la psicología y la metafísica, cumpliendo así, lo que propone sobre novelistas y poetas, el ensayo “El escritor y sus fantasmas” de Ernesto Sabato, y aún con mayor éxtasis literario, confirma el aforismo de este autor cuando defiende que “…al final de cuentas toda novela que se respete, es un gran poema…”.


Hipercodificación:

Como se halla regularmente en su obra, Mario Benedetti, suele cobijar el mensaje de su prosa, con inquietantes analogías y metáforas convencionales a fin de, crear un contexto a propio a cada poema, para ello, hace uso de un lenguaje cómodo y ágil para el lector. El contenido de su poesía no se limita a los ambientes explícitos que se manifiestan a través de los vocablos y en cambio, por particulares que sean “esencialmente” se pueden adecuar a distintas circunstancias de la vida.


A la izquierda del roble

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fan ticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

Análisis de las figuras retóricas
Poema “A la izquierda del roble”
¿Por qué un jardín botánico? La respuesta es por sencilla, la muestra de la magnificencia del lenguaje utilizado por Mario Benedetti, pues así, como puede ser este ambiente, pudiera ser cualquiera y los cambios, puramente utilitarios al oficio de contextualizar el mensaje, son incapaces de barrer con los existencialismos universales que el autor plasma en el poema “A la izquierda del roble”. El amor, la muerte, la vida, el tiempo, la edad, etc, son en esencia realidades que radican en las profundidades del espíritu del hombre, sin que para su materialización exista un mejor lenguaje que el poético.
Benedetti aborda con propiedad estos temas y los idealiza en un espacio y tiempo determinados. A propósito de focalizar las figuras retóricas a las cuales aunque de modo inconsciente hecha mano, se puede concluir que el autor, provee en sus líneas de una exquisita gama de ellas, pues el lenguaje que utiliza raya en lo convencional y convencionalmente, se tiene la costumbre de hablar utilizándolas. Además, le resultan de utilidad para disfrazar la prosa y hacer el mensaje menos explícito, aún haciendo uso de vocablos regulares en el lenguaje popular.

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